El portal está abierto.
Ha llegado el momento de honrar a quienes dejaron una chispa encendida en nuestras vidas. Nuestra gente, nuestros afectos, los recuerdos y rituales que compartimos. Aquellas personas que nos enseñaron a amar el juego y cuya pasión sigue viva en nosotros.
Hasta la muerte es un espacio para recordar a quienes encendieron esa primera chispa, la que nos conecta con el futbol americano y con las historias que nos acompañan mucho después de que sus protagonistas se han ido.
Este año, de la mano de Chabaski, una nueva artista que se suma al proyecto, construimos un nuevo capítulo de esta historia. Su propuesta introduce las manos como uno de los símbolos centrales de la campaña: las mismas manos que reciben y entregan el balón sobre el campo son también las que transmiten esa pasión de una persona a otra, de una generación a la siguiente.
Porque el amor por el juego muchas veces comienza con alguien más. Con quienes nos enseñaron a entenderlo, a emocionarnos con cada jugada y a reconocer nuestros colores como algo propio. Una pasión que recibimos, hacemos nuestra y, con el tiempo, también compartimos.
En esta nueva etapa, el balón-calavera representa ese encuentro entre el juego que amamos y las personas que nos enseñaron a amarlo. Las flores, por su parte, conservan su lugar como símbolo de aquello que sigue creciendo, incluso cuando quienes sembraron esa primera semilla ya no están con nosotros.
Este 16, 17 y 18 de octubre, Hasta la muerte abrirá sus puertas para que los fans descubran la nueva colección, con productos que se han convertido en auténticos artículos de colección y que podrán adquirir antes que nadie en el recinto.
Los asistentes también podrán conocer de cerca la propuesta artística de este nuevo capítulo y recorrer las ofrendas de los clubes participantes, en un encuentro entre una de las tradiciones más emblemáticas de México, uno de los territorios más importantes para el futbol americano.
Porque hay historias que no terminan cuando alguien se va. Permanecen en nuestros recuerdos, en nuestros rituales y en las pasiones que seguimos compartiendo. Como esa chispa que alguien encendió alguna vez y que hoy nos corresponde mantener viva para aquellos que seguirán después de nosotros.
Porque lo que se hereda, florece.



