Antes de comenzar, querĂa desearle de todo corazĂłn un feliz 2025 a toda la comunidad hispanoparlante que sigue la NFL. Esta liga que amamos tiene la particularidad de atravesar el fin de cada año justo en el momento cuando la temporada esta por entrar en su etapa mĂĄs apasionante. Es parte de la vida: puertas que se abren y puertas que se cierran.
En el léxico NFL, el término "game manager" se ha utilizado siempre de una manera peyorativa. Båsicamente, el concepto refiere a un quarterback cuya principal virtud es la de no estropear el funcionamiento del resto del equipo. Este tipo de QB debe ser extremadamente "coacheable". Es decir: el entrenador debe poder moldearlo a gusto y piacere, indicåndole cómo se debe ejecutar el sistema de juego sin dejarle demasiada libertad para operar por fuera de él.
El game manager es un mariscal de campo que acompaña en lugar de liderar, quizå el principal atributo que se le suele pedir a la posición mås importante de este y cualquier deporte.
Un game manager nunca podrĂa ser MVP, por ejemplo. Ese trofeo estĂĄ reservado para una superestrella. Un game manager tampoco podrĂa ser la cara de una franquicia. Su imagen no vende tanto. Bueno, creo que se entiende.
Ahora, la gran pregunta que nos hacemos año tras año es: puede competir por el Superbowl un equipo cuyo quarterback caiga en la categorĂa de game manager? Y, aĂșn mĂĄs importante desde lo filosĂłfico: puede un QB llevar con orgullo esta insignia?
Esta temporada nos ha arrojado dos ejemplos en cuyos casos la respuesta es un claro y rotundo "sĂ", aunque Sam Darnold y Jared Goff no iniciaron sus carreras en las NFL pensando que se los ubicarĂa como game managers.
Darnold fue drafteado N°3 en el 2018 por New York Jets, luego de una exitosa carrera colegial en USC. Goff, por su parte, fue la primera selección del draft en el año 2016 (Los Angeles Rams fue su primer equipo) luego de brillar en otra universidad del estado californiano (precisamente: "Cal": la Universidad de California).
Con semejante pedigree, algunos podrĂan decir que Darnold y Goff no estuvieron a la altura de las expectativas que se habĂan puesto sobre ellos. Debatible. Lo cierto es que, en 2024, ambos completaron una temporada regular inmaculada, con el mismo rĂ©cord (14 victorias y 2 derrotas) y que, en los primeros dĂas de 2025, sus equipos (Minnesota Vikings y Detroit Lions) se verĂĄn las caras en Motor City para determinar quiĂ©n se quedarĂĄ con el codiciado 1 seed en la NFC.
Por supuesto que Darnold y Goff han aprovechado las enormes ventajas de jugar en equipos tan bien construidos, dentro y (especialmente) fuera del emparrillado. Kevin OÂŽConnell ha demostrado ser un entrenador de mĂĄximo calibre, capaz de exprimir todo el talento de su roster y de resaltar todas las virtudes del ataque, el costado de la cancha que controla.
Al mismo tiempo (y aplica aĂșn mĂĄs en el caso de Dan Campbell en Detroit, con los geniales Aaron Glenn y Ben Johnson), OÂŽConnell ha sabido tener la inteligencia suficiente como para contratar un coordinador defensivo top, como Brian Flores, capaz de encargarse de ese sector sin depender de un entrenador que observe todo.
A este rompecabezas hay que sumarle mĂĄs piezas. Una lĂnea ofensiva sĂłlida que proteja a su mariscal de campo como si fuese su hermano (basta con ver los videos en redes sociales para entender la relaciĂłn que tienen Darnold y Goff con sus linieros ofensivos) y jugadores skill position de elite, como son Justin Jefferson, Amon-Ra St.Brown, Jahmyr Gibbs o Jordan Addison.
Estå claro que no alcanza solamente con rodear bien a un quarterback. El nivel individual de Darnold y Goff ha sido excepcional. Por encima de cualquier pronóstico previo. Quizå lo de Goff era mås previsible, dada la gran temporada de Detroit el año pasado. En la presente campaña, con un año mås de estudio y comprensión del *playbook* de su OC, Ben Johnson, el QB de los Lions ha elevado la explosividad de su juego de pase, utilizando mås a Jameson Williams e intentando lanzamientos mås verticales y apuntados a la secundaria rival.

Lo de Darnold, francamente, es una de las sorpresas mĂĄs positivas de la temporada. El ex QB de Jets, Panthers y 49ers iba a ser suplente (o, al menos, pelear por la titularidad) con J.J. McCarthy, a quien los Vikings draftearon en la primera ronda. Lamentablemente para Ă©l, McCarthy se lesionĂł en la pretemporada y Darnold aprovechĂł al mĂĄximo su (Ășltima?) oportunidad para declararle a toda la NFL que tiene material de sobra para ser un quarterback titular.
Como buenos game managers, Darnold y Goff no hacen nada espectacular. No tienen el brazo mĂĄs prodigioso ni las piernas mĂĄs veloces. No son genios que cotidianamente anticipan coberturas defensivas ni tampoco tienen esa capacidad para inventar una jugada cuando el plan original se rompe.
Lo que sà saben hacer es jugar la posición de quarterback. Con inteligencia. Limitando errores. Reconociendo en qué parte del campo hay una ventaja. Ocasionalmente, moviéndose en el bolsillo para evitar una captura y soltar un pase profundo. Ganando partidos en los mårgenes.
SerĂĄ realmente interesante seguir el camino de estos dos QBÂŽs en la postemporada. Uno de ellos contarĂĄ con la enorme ventaja que te da el 1 seed: descansar en la primera ronda y jugar Ronda Divisional (y potencialmente NFC Championship Game) de local.
El otro estarĂĄ al frente de un equipo con 14 (!) victorias en fase regular y que casi con certeza serĂĄ favorito en la Ronda de Comodines, a pesar de su condiciĂłn de visitante. Nada mal para un par de game managers.





