Desde que tengo memoria, la historia fue un tópico que siempre me llamó la atención. En la secundaria, mis dos materias favoritas eran historia y geografía (hasta el día de hoy sostengo, en debates enérgicos con mis amigos, que obtuve el mejor promedio de toda mi clase en dicha asignatura; los pasillos de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini todavía hablan de semejante proeza).
Me atrae la historia en casi todos sus formatos y vertientes. Si tuviera que elegir un género literario, sin dudas sería la novela histórica. Películas, series y documentales (siempre y cuando el hecho documentado haya transcurrido hace más de 10 años; de lo contrario mi regla dorada es NO consumirlo). En fin, queda bastante claro.
Ahora, cuando la historia se interrelaciona con el deporte… bueno, ahí estamos ante el súmmum de mis intereses.

La International Series de la NFL '26/'27 hace su segunda etapa este domingo. Luego de lo acontecido en Melbourne, Australia, Brasil recibirá su tercer partido en años consecutivos, aunque con una modificación crucial: Río de Janeiro fue la ciudad seleccionada por la liga, reemplazando a São Paulo.
El denominado Río Game entre Baltimore Ravens y Dallas Cowboys, correspondiente a la Semana 3, se llevará a cabo ni más ni menos que en uno de los escenarios más míticos del deporte mundial.
En 1949, como parte de los esfuerzos para obtener la sede de la Copa del Mundo de la FIFA, comenzó la construcción del estadio que –en ese entonces– fue llamado ´Estadio Municipal´. En 1964, el estadio fue rebautizado como Estádio Jornalista Mário Filho, en honor a un reconocido periodista local.
Si bien el nombre perdura hasta la actualidad, lo cierto es que, alrededor del mundo y en el lenguaje popular del fútbol, decir las palabras "Estadio Maracaná" es inmediatamente pensar en una cancha monstruosa, pesada y repleta de historia grande de verdad.

El verde césped del Maracaná será pisado por los Ravens, que llegan golpeados luego de una derrota inesperada en casa, a manos de Tyler Shough y sus New Orleans Saints. Una falla en la ejecución del plan de juego ofensivo, en el cual el coordinador Declan Doyle optó por no darle protagonismo a Derrick Henry en la segunda mitad, cuando Baltimore lideraba 14-3, aparece como la crítica principal para el equipo dirigido por Jesse Minter.
Los jugadores de los Cowboys también ingresarán a los vestuarios donde se cambiaron Messi, Pelé y un sinfín de figuras del fútbol a lo largo de setenta y cinco años. A diferencia de su rival, Dallas arriba al estado Carioca con una mejor cara, tras derrotar de manera convincente (al menos en ataque) a Washington Commanders, que además sufrió la baja de su quarterback estrella (Jayden Daniels) a mediados del encuentro.
Ambos equipos llegan con marcas idénticas (1-1) y expectativas similares para el resto de la temporada. Cualquier final de fase regular que no los vea en la postemporada será un fracaso rotundo, tanto para Baltimore como para los conducidos por Brian Schottenheimer.

En un apartado estadístico e intentando anticipar por dónde pasará el partido, imagino a un Henry mucho más participativo, teniendo en cuenta que los Cowboys han promediado apenas un 25:55 de tiempo de posesión en sus primeros dos encuentros (el segundo peor registro en toda la liga). Si los Ravens logran afianzar el juego terrestre con Henry, es posible que Dak Prescott y la ofensiva explosiva de Dallas no posea demasiadas oportunidades para mover el balón y anotar puntos.
Hasta el momento en donde se publica esta columna, cuatro estadios en todo el planeta han albergado un partido de temporada regular NFL + una final de un Mundial (Wembley, el Estadio Azteca, el Santiago Bernabéu y MetLife Stadium, la casa de New York Jets/Giants y sede de la final más reciente entre Argentina y España).
El domingo por la tarde, serán cinco. El estadio que se suma no es uno más. El Maracaná es historia pura del deporte mundial. Principalmente del fútbol, sí. Pero, por suerte, ahora también formará parte de la historia de la NFL. Nos vemos allí.





