"El paso uno es establecer una cultura", dijo Liam Coen en su presentación oficial con los Jacksonville Jaguars en un evento que incluyó la presencia de Tony Boselli, leyenda de la franquicia y nuevo Vicepresidente Ejecutivo de Operaciones.
Ante la insistencia de la prensa y los seguidores de los Jaguars por obtener pistas sobre su filosofía, Coen eludió el camino del fundamentalista y dijo que su único dogma, más allá de personales y formaciones, era "potenciar a sus jugadores". Habló, sobre todo, de una "convicción": dominar el "futbol americano situacional".
Coen nació y creció en Providence, la capital y ciudad más poblada del estado de Rhode Island, en la Costa Este de los Estados Unidos. Ser nativo de Providence o Warwick te vincula, irremediablemente, con los New England Patriots, el equipo representantivo del estado vecino de Massachusetts. De hecho, Foxborough, el pequeño poblado que alberga el Gillette Stadium, está a medio camino entre Boston y Providence, por lo que sirve como metáfora de la frontera interestatal. Incluso hay quien sugiere que la base social más radical de los Patriots no está Massachussets, sino en Rhode Island.
Feligrés de Tom Brady, su héroe de adolescencia, y otrora estrella de la Universidad de Massachusetts como quarterback, aterrizó en el mejor lugar posible para establecerse como una mente inquieta y curiosa en la NFL: el staff de Sean McVay, el arquetipo de niño prodigio.

"Es un tipo fenomenal con quien estar a la sombra. Es el tipo de persona que, si sigue por el camino que lleva, algún día se escribirán libros sobre él. Es ese tipo de entrenador y tendrá esa influencia en el juego", expresó Coen sobre McVay en su momento.
Pero contrario a lo que su genealogía pudiera sugerir, su bandera revolucionaria en Jacksonville, adonde llegó tras convertir a Baker Mayfield en un quarterback respetado en la NFL durante sus días como coordinador ofensivo en Tampa Bay, no ha sido el libro de jugadas, sino sus intérpretes: los jugadores.
Luego del dramático naufragio de Doug Pederson como capitán, Coen ha ayudado a sacar la mejor versión de piezas anteriormente infrautilizadas. Su intervencionismo en el diseño, obsesión por las tendencias que han definido la evolución del juego y gestión de los intangibles han permitido que emerjan versiones dominantes del linebacker Devin Lloyd, el liniero ofensivo Cole Van Lanen, el esquinero Montaric Brown, el corredor Travis Etienne y, desde luego, el quarterback Trevor Lawrence, el jugador franquicia.

En la semana previa a su visita a Denver, contra el equipo con mejor récord de la NFL, Coen hablaba de lo cómodos que se sentían siendo subestimados por el resto de la liga. Sean Payton, entrenador en jefe de los Broncos, había salido a decir que los Jaguars eran, sorprendentemente, un buen equipo pese a pertenecer a un "mercado pequeño". La condescendencia inocente de Payton luego justificó que su homólogo saliera, tras una victoria incontestable como visitantes, a vanagloriarse de lo privilegiados que eran como equipo de "mercado pequeño" al poder ir a ganar con tal autoridad a Mile High.
Por mucho que nadie le quiera prestar atención a los Jaguars de Liam Coen, hay algo que se está gestando en Jacksonville que es incluso más importante que ganar: un cambio profundo a nivel cultural.





