Solo nos quedan dos semanas para terminar la temporada regular en la NFL. No es todavía el cierre definitivo, pero sí el momento en el que las narrativas se vuelven irreversibles. Las franquicias que llegan con opciones reales de playoffs afinan cada detalle, mientras que aquellas que viven temporadas decepcionantes ya piensan tanto en el orgullo como en el futuro. En ese contexto, los duelos Chargers vs Texans, Colts vs Jaguars y 49ers vs Bears ofrecen lecturas profundas desde lo táctico, lo estadístico y lo simbólico. Son partidos que, aunque no siempre estén en el centro del prime time nacional, condensan muchas de las tensiones modernas de la NFL: quarterbacks jóvenes enfrentando sistemas defensivos complejos, coordinadores ofensivos ajustando a tendencias analíticas y franquicias tratando de definir su identidad real antes del cierre del calendario. Llega la Navidad, y entre turrones, polvorones y demás, la NFL nos volverá a dejar un espectáculo formidable. No les quepa duda.
El enfrentamiento entre Los Angeles Chargers y Houston Texans es, probablemente, el más interesante desde el punto de vista del ajedrez táctico. Los Chargers llegan con una ofensiva liderada por Justin Herbert que, pese a las lesiones en la línea ofensiva y la irregularidad del cuerpo de receptores, sigue siendo una de las más eficientes de la liga cuando se analiza más allá del marcador. Herbert se mantiene entre los quarterbacks con mejor EPA por dropback en situaciones neutrales, especialmente cuando lanza desde formaciones shotgun y con personal 11. La clave de Los Ángeles ha sido la capacidad de generar ventaja en el centro del campo, explotando rutas intermedias contra coberturas zonales. En ese sentido, Herbert ha mostrado una química creciente con sus tight ends y receptores interiores, lo que se traduce en un alto porcentaje de conversiones en tercera oportunidad cuando la distancia es de seis yardas o menos.
Houston, por su parte, es uno de los equipos jóvenes más intrigantes de la temporada. La mejoría de CJ Stroud, a medida que ha ido avanzando el curso, ha redefinido el ritmo ofensivo de los Texans, que ya no son un ataque tan predecible y conservador. Su tasa de early down pass rate ha aumentado notablemente, situándose cerca de la media-alta de la liga, y eso ha permitido que la ofensiva sea menos dependiente de terceros downs largos. Desde una perspectiva de DVOA ofensivo, en las últimas semanas, Houston ha sido especialmente eficiente en el juego aéreo corto e intermedio, con un porcentaje elevado de pases lanzados en menos de 2.5 segundos, lo que reduce la exposición de la línea ofensiva y neutraliza parcialmente a los pass rushers rivales.
El gran duelo de este partido está en cómo la defensiva de los Chargers, históricamente vulnerable contra el pase, intenta ajustar a un ataque que vive de la precisión y el timing. Los Ángeles ha tenido problemas constantes defendiendo el centro del campo, permitiendo un alto porcentaje de completos en rutas cruzadas y slants. En términos de EPA permitido por pase, los Chargers se encuentran en el tercio inferior de la liga cuando juegan coberturas Cover 3 tradicionales, algo que Houston puede explotar con conceptos de flood. La incógnita es si, Jesse Minter, el coordinador defensivo de Los Ángeles apostará por más looks de Cover 2 y match coverage, sacrificando algo de solidez contra la carrera para cerrar ventanas de pase rápidas.
Desde el punto de vista defensivo, Houston ha mostrado una evolución notable. Aunque sigue siendo un equipo joven, su tasa de presión generada sin blitz ha mejorado semana a semana, lo que permite mayor flexibilidad en cobertura. Contra un quarterback como Herbert, que castiga el blitz mal ejecutado con una de las tasas más altas de yardas por intento cuando enfrenta presión extra, la clave será generar colapsos interiores con cuatro hombres y obligarlo a lanzar fuera de estructura. Herbert, aunque sigue siendo élite, ha mostrado una ligera caída en eficiencia cuando se ve forzado a salir del pocket hacia su lado izquierdo, algo que Houston puede intentar explotar con sus pareja de pass-rusher, ya sea directamente en unos contra unos, con stunts defensivos o con alineaciones asimétricas.

Aunque Will Anderson es la estrella absoluta de esa línea defensiva, hay más jugadores que pueden producir en la presión. En la secuencia de arriba tenemos un ejemplo de ello. Barnett alinea en el lado derecho y su explosiva salida al snap le permite transformar velocidad en potencia para atacar al tackle izquierdo. Su colocación de manos es excelente y juega un bull rush muy duro que acaba con el bloqueador en el suelo y con el camino libre hacia el quarterback. Por si fuera poco, al otro lado, Hunter también bate a su hombre y hace imposible la salida del pocket de Geno Smith.
El partido se perfila como un choque de eficiencia más que de explosividad. Ambos equipos prefieren drives largos, con un alto porcentaje de jugadas exitosas, y eso se refleja en su ritmo de juego. Ni Chargers ni Texans están entre los equipos que más snaps por partido ejecutan, pero sí entre los que mejor maximizan cada posesión. En un escenario así, el turnover margin y el rendimiento en zona roja pueden definir el resultado. Los Chargers no han dicho adiós al titulo divisional y quieren arrebatárselo a los Broncos en su duelo de la semana 18. Para ello tendrán que batir, este sábado, a uno de los equipos más duros de la liga
El duelo entre Indianapolis Colts y Jacksonville Jaguars tiene una carga divisional evidente, pero también representa la última opción para los de Steichen de pelear por meterse en playoffs. Los Colts, a principio de temporada, apostaron por un enfoque más conservador, apoyado en el juego terrestre y una defensa que buscaba limitar errores. Después del gran inicio, y con las lesiones que han sufrido, se encuentran en una situación muy complicada donde dependen de un Phillip Rivers que sigue dejando destellos de lo grandísimo quarterback que ha sido. Jacksonville, en cambio, sigue tratando de consolidar una identidad ofensiva más agresiva, basada en el desarrollo de su quarterback franquicia y en la verticalidad del pase. Desde el punto de vista estadístico, este contraste es claro. Indianapolis se encuentra entre los equipos con mayor tasa de carrera en primeros downs, especialmente en situaciones neutrales, lo que reduce la varianza del partido pero también limita su techo ofensivo. Jacksonville, por su parte, lanza más en primeros downs y busca generar EPA positivo temprano en las series.
El juego terrestre de los Colts debería volver a ser el eje central de su plan. Su línea ofensiva, aunque no dominante como al principio del año, sigue siendo eficiente en esquemas de zone blocking, especialmente hacia el lado derecho. Johnthan Taylor ha generado una alta tasa de yardas después del contacto, lo que indica que el éxito del ataque terrestre no depende únicamente de bloqueos perfectos, sino también de la capacidad individual para ganar duelos. En términos de success rate por carrera, Indianapolis se mantiene en la parte alta de la liga, lo que se traduce en situaciones manejables en tercera oportunidad.
Jacksonville, sin embargo, ha mejorado notablemente su defensa contra la carrera en la segunda mitad de la temporada. Su DVOA defensivo contra el run ha descendido progresivamente, gracias a ajustes en los gaps y a una mayor disciplina en el segundo nivel. Esto obliga a los Colts a ser más eficientes por aire, un área donde han mostrado inconsistencias. Ahora mismo, Rivers debería tener un perfil de gestor más que de creador, con un promedio de profundidad de pase relativamente bajo y una dependencia clara del play-action, pero ya vimos el lunes pasado que su lectura del juego es excelente y que puede encontrar la ventaja con facilidad. Cuando el play-action funciona, su EPA por intento se incrementa de forma significativa, pero cuando la defensa rival logra contener la carrera y forzar situaciones obvias de pase, la ofensiva pierde fluidez.
Para Jacksonville, la clave estará en la protección del quarterback y en su capacidad para castigar coberturas hombre a hombre. Los Colts suelen mezclar coberturas, pero en situaciones críticas tienden a confiar en esquemas hombre con ayuda profunda. Jacksonville tiene receptores capaces de ganar en el uno contra uno, pero la ejecución ha sido irregular. La llegada de Jakoby Meyers le ha dado más empaque a ese ataque, con un Brian Thomas que vuelve a dejar buenas sensaciones. Estadísticamente, el equipo sufre cuando el quarterback es presionado, con una caída pronunciada en yardas por intento y un aumento en jugadas negativas. La línea ofensiva de Jacksonville ha permitido presión en un porcentaje elevado de dropbacks, especialmente por el interior, lo que puede ser explotado por la rotación defensiva de Indianapolis. Sin embargo, el nivel mostrado por Trevor Lawrence en las tres últimas semanas colocan a estos Jaguars en la posición de luchar contra quien sea.

En la imagen de arriba, vemos cómo Lawrence maneja a la perfección una situación de blitz por parte de los Denver Broncos. Antes del snap, los Broncos alinean dos safeties profundos y tres hombres en la zona media. Cuando se inicia la jugada, dos de esos tres hombres van a la presión haciendo que el edge rusher de la derecha caiga en cobertura. Lawrence sabe perfectamente dónde tiene que ir. Su primera lectura es a los dos safeties, quienes no rotan y mantienen su caída en cobertura a la zona profunda. La segunda lectura es al rusher que había salido de la línea defensiva para caer a su spot zonal y al que los Jaguars van a poner dos jugadores de ataque para darle un objetivo a su quarterback. Este concepto es un Hi-Lo, donde un receptor va a la cara del defensor y otro aprovecha el espacio a su espalda. Lawrence suelta el brazo y encuentra a su receptor con mucho campo para una gran ganancia de yardas.
Defensivamente, los Colts se apoyan en su capacidad para limitar explosivas. Son uno de los equipos que menos pases de más de 20 yardas permiten, gracias a una estructura que prioriza mantener todo delante de ellos. Esto puede frustrar a Jacksonville, que necesita de esas jugadas grandes para maximizar su EPA ofensivo. El partido, en ese sentido, puede convertirse en una batalla de paciencia. Si Jacksonville acepta los pases cortos y construye drives largos, puede encontrar éxito, pero cualquier error o penalización puede romper el ritmo y favorecer a unos Colts que necesitan de un partido con pocos puntos para poder competirlo hasta el final.
Aunque parezca imposible por todos los problemas de salud que ha pasado el conjunto de Kyle Shanahan, San Francisco se ha convertido en uno de los equipos más completos de la liga, con una identidad ofensiva muy clara basada en el movimiento pre-snap, el uso de personal pesado y la creación de mismatches en el juego corto. Su ofensiva lidera la NFL en yardas después de la recepción, un indicador directo de la eficacia de su esquema más que del talento individual puro. El quarterback de los 49ers no necesita lanzar profundo de forma constante; su valor está en la precisión, la lectura rápida y la ejecución del sistema, y así, Brock Purdy viene de jugar su mejor partido como profesional el pasado lunes.
Chicago, en cambio, llega con la adrenalina por las nubes tras lo sucedido frente a Packers en la semana 16. Su ofensiva ha mostrado destellos interesantes, especialmente cuando permite a su quarterback utilizar su movilidad como arma principal. El problema es la consistencia. Los Bears se encuentran entre los equipos con menor success rate ofensivo, y su EPA por jugada es negativo en la mayoría de las semanas. Aun así, su capacidad para generar jugadas explosivas con el quarterback fuera del pocket mantiene cierta imprevisibilidad. Desde el punto de vista defensivo, Chicago ha tenido dificultades para contener ataques que utilizan motion y play-action, justo las especialidades de San Francisco.
El plan ofensivo de los 49ers probablemente se centre en atacar los bordes y el segundo nivel de la defensa de Chicago. Las estadísticas muestran que los Bears permiten un alto porcentaje de completos a tight ends y running backs en rutas cortas, algo que San Francisco explota mejor que casi cualquier equipo. Además, el juego terrestre de los 49ers, con esquemas de outside zone y counters, puede castigar la falta de disciplina en los linebackers de Chicago. En términos de EPA por carrera, San Francisco se mantiene en la élite, no tanto por volumen sino por eficiencia.






