Todo equipo que llega a esta semana 14 con ambiciones reales se enfrenta a una doble presión: mantener la identidad que lo trajo hasta aquà y, a la vez, conservar la adaptabilidad necesaria para corregir a tiempo lo que la campaña ha ido desgastando. En esa tensión se ubican tres partidos que, sin ser finales anticipadas, tienen un peso tåctico y emocional que los convierte en referencias obligadas para entender el estado competitivo de ambas conferencias: el duelo entre Detroit Lions y Dallas Cowboys, la mayor rivalidad de la NFL (Chicago Bears y Green Bay Packers) y el dramåtico Chiefs frente a Texans del Sunday Night Football.
Estos tres enfrentamientos se sitĂșan en un punto crĂtico del calendario, uno en el que la tabla ya no permite interpretaciones excesivas y cada derrota tiene consecuencias directas en el formato de playoffs. Detroit quiere consolidar un proyecto que ha demostrado crecimiento, pero que todavĂa arrastra dudas en consistencia. Dallas intenta rescatar su narrativa y evitar una campaña que, hasta ahora, se ha inclinado mĂĄs hacia la irregularidad que hacia la solidez, pero que empieza a tener visos de estar construyendo algo importante. Chicago, sorpresivo lĂder de la divisiĂłn, busca sostener su paso frente a su antagonista histĂłrico. Green Bay, obligado por cultura y por aspiraciĂłn, no puede permitirse un revĂ©s que enfrĂe sus posibilidades de postemporada. Los Chiefs y Mahomes sin margen de error y unos Texans que se han metido de lleno en la pelea por todo. Ya estamos en diciembre. Comienza la verdadera batalla.
Cuando Detroit y Dallas se cruzan en diciembre, suelen aparecer dos aspectos que definen este tipo de duelos: la capacidad de un equipo para imponer su ritmo ofensivo y la habilidad del otro para responder desde la adaptaciĂłn defensiva. En este caso, Detroit llega con una ofensiva estable y un plan mĂĄs claro, mientras que Dallas arriba cargando con inconsistencias defensivas que han marcado sus Ășltimos meses, aunque en clara mejorĂa desde la llegada de Quinnen Williams. En sus dos Ășltimos partidos han dejado una verdadera muestra de lo que este equipo es capaz de hacer y, aunque pueden estar un poco lejos, todavĂa tienen opciones de llevarse la divisiĂłn y de acceder a playoffs.
Detroit ha construido su identidad sobre una ofensiva aĂ©rea eficiente, que trabaja con rutas de mediana profundidad, con alto porcentaje de separaciĂłn y con un uso inteligente del play-action. El equipo ha mostrado una tendencia a abrir los partidos con secuencias rĂĄpidas, buscando que su quarterback opere en ventanas cortas de toma de decisiones, lo que reduce la exposiciĂłn a presiones tardĂas y maximiza el aprovechamiento del primer y segundo down. Esta estructura permite sostener un EPA/play por encima del promedio de la liga, un rasgo que se ha convertido en sello de la ofensiva.
El problema para Detroit aparece cuando la protecciĂłn no logra sostener el plan. En situaciones de tercer down medio o largo, la lĂnea ofensiva ha mostrado grietas, especialmente frente a esquemas agresivos con overload y cambios post-snap. ParecĂa que la vuelta de Frank Ragnow podĂa paliar ese dĂ©ficit en la lĂnea ofensiva, pero todo se ha venido abajo al no pasar el test fĂsico necesario para retornar a los terrenos de juego. Si Dallas decidiera arriesgar con mayor frecuencia en los primeros compases, podrĂa obligar a Detroit a jugar desde el fondo del playbook, un escenario en el que su eficiencia cae de manera visible.
Dallas, por su parte, enfrenta un dilema tĂĄctico que ha marcado toda su campaña: su defensa ha permitido demasiadas jugadas explosivas. El exceso de espacios en el segundo nivel y la falta de disciplina en coberturas profundas han puesto al equipo en la zona baja en mĂ©tricas de explosividad defensiva y Ă©xito en terceras oportunidades largas. El resultado es una defensa que, en teorĂa, puede ser disruptiva en jugadas puntuales, pero que en periodos prolongados se quiebra con facilidad. Este tipo de perfiles suelen sufrir contra equipos que trabajan bien la progresiĂłn del ritmo ofensivo, como es el caso de los Lions. Una de las principales bazas serĂĄ frenar el juego de carrera del conjunto dirigido por Dan Campbell. Con Williams, Clark, Odighisuwa y Thomas, el interior de la lĂnea defensiva es excepcional, ya sea contra la carrera o contra el pase, donde el pass-rush empieza a funcionar mucho mejor que a principios de curso.

En la secuencia de arriba, vemos una acciĂłn donde Sam Williams y Quinnen Williams juegan un stunt para intercambiar el gap asignado en el pass-rush. Quinnen Williams, a pesar de ser un jugador grande y pesado, posee un primer paso excepcional y una aceleraciĂłn impropia de alguien con esa constituciĂłn fĂsica. Sam Williams ataca el gap B y juega un bloqueo para que Quinnen salga por el exterior. Los dos consiguen sacar a Mahomes de su spot de pase y obligan al quarterback a salir del pocket y perder asĂ opciones de lanzamiento.
El Ășnico camino viable para Dallas es convertir el partido en uno incĂłmodo, uno que saque a Detroit de su estructura natural. Para lograrlo, los Cowboys necesitan presionar con consistencia y colapsar los gaps interiores, obligando a Detroit a jugar hacia el exterior o a lanzar antes de tiempo. El pass-rush win rate ha sido irregular, pero cuando ha aparecido, ha sido capaz de modificar la ofensiva rival. Si Dallas no logra presionar, el partido puede convertirse en un desfile ofensivo de Detroit, que encuentra su mejor versiĂłn cuando puede atacar sin presiĂłn sostenida, siendo un escenario mucho mĂĄs favorable para Jared Goff.
Mås allå de la defensa, Dallas requiere control del reloj mediante el juego terrestre. La ofensiva de los Cowboys ha tenido destellos de ser una de las mejores dentro de la liga, con dos wide receivers sensacionales y con un Dak Prescott jugando el mejor football de su carrera. En métricas de early-down efficiency, Dallas se encuentra por debajo de la media de la liga, y cuando se ve obligado a perseguir el marcador, es uno de los equipos que mås reduce su EPA/play. De ahà la importancia de no permitir que Detroit marque diferencia temprana. Si los Cowboys pueden sostener drives prolongados, consumir minutos y establecer la carrera, pueden neutralizar la ofensiva de Detroit no desde la defensa, sino desde la ausencia de posesiones rivales. Es una estrategia clåsica, pero en este duelo, probablemente la mås sensata.
En este contexto, la clave no serĂĄ Ășnicamente quiĂ©n anote mĂĄs, sino quiĂ©n controle el flujo del partido. Dallas puede llevar a su oponente a un ritmo de anotaciĂłn alto y, ademĂĄs, a hacerlo de manera muy rĂĄpida y explosiva. Si, ademĂĄs, es capaz de dominar el reloj, va a complicarle mucho las cosas a unos Lions que no contarĂĄn con su mejor jugador ofensivo. La baja de Amon-Ra St. Brown deja coja a una ofensiva que ya empezaba a echar de menos a Sam LaPorta, por lo que Jameson Williams y Teesla deberĂĄn sumar mucho mĂĄs para tapar esas carencias. Una derrota de Detroit podrĂa complicar muchĂsimo sus opciones de playoffs, algo que podrĂa considerarse como un absoluto fracaso. En el otro lado, los Cowboys ven como los Eagles estĂĄn teniendo muchos problemas para ganar y los ven cada vez mĂĄs cerca. Si ganan, se van a meter de lleno por la divisiĂłn y, por ende, por los playoffs. Esto es suficiente motivo para poner toda la carne en el asador.
El duelo entre Bears y Packers no pertenece solo al calendario: pertenece a la historia. Esta rivalidad no se explica Ășnicamente desde el resultado, sino desde la cultura, desde el peso simbĂłlico que adquieren estos enfrentamientos en cada temporada. Una victoria aquĂ no suma solo en la tabla; construye narrativa, impulsa confianza y, en ocasiones, marca la pauta de lo que vendrĂĄ.
Chicago llega convertido en uno de los equipos revelaciĂłn de la NFC. Una ofensiva mĂĄs eficiente, una defensa revitalizada y un cuerpo tĂ©cnico que ha sabido ordenar al equipo en ambos lados del balĂłn. Hay una mĂ©trica que resume esta evoluciĂłn: el salto en promedio total de yardas por partido en las Ășltimas cinco jornadas, que ha superado con claridad las 400 yardas totales. Esta tendencia es el resultado directo de una mayor coherencia en el play-calling, una estructura ofensiva mĂĄs rĂtmica y un quarterback que ha ido encontrando mayor control y eficacia dentro de un sistema diseñado para maximizar las lecturas de nivel medio. Pero, sobre todo, este cambio se refleja en la capacidad para correr el balĂłn. DeAndre Swift y Kyle Monangai se han convertido en una pareja terrorĂfica para las defensas rivales. Ambos pueden aparecer en diferentes esquemas y correr por fuera o por dentro, apoyados por una lĂnea ofensiva que estĂĄ jugando al nivel esperado despuĂ©s del desembolso que hizo la franquicia en la pasada off-season. Ben Johnson sabĂa que todo debĂa comenzar desde el juego terrestre y, ahora mismo, pocos equipos corren mejor que estos Bears.


En las dos imĂĄgenes anteriores, vemos una acciĂłn de carrera donde Ben Johnson nos muestra toda su creatividad, y donde Swift deja claro lo buen running back que es. Los Bears forman en bunch al lado izquierdo y con personal 11 (un running back y un tight end). Antes del snap, el TE se mueve para cambiar de lado, pero en el mismo momento que el QB recibe el balĂłn, cambia su direcciĂłn y juega un trap block al DT sin bloquear, ya que el center y el guard izquierdos, encargados de ese defensor, estĂĄn subiendo al segundo nivel para bloquear a ambos linebackers. Con esos tres bloqueos, el head coach de Chicago le ha abierto una autopista a Swift por el interior, y el corredor se encarga de ir dejando placadores atrĂĄs por velocidad y dureza en sus cortes.
En defensa, los Bears han dado un salto tan significativo que ha cambiado su perfil competitivo. Dennis Allen ha creado una unidad capaz de generar turnovers con mĂĄs frecuencia que en campañas anteriores, de presionar en momentos clave y, ademĂĄs, presentan una agresividad controlada en cobertura que les permite disputar rutas y cerrar ventanas intermedias. En partidos donde lograron mĂșltiples recuperaciones de balĂłn, demostraron que no son un equipo que dependa exclusivamente de su ofensiva. Se han convertido en una unidad capaz de modificar dinĂĄmicas y cambiar de inmediato la inercia del partido.
Green Bay, mientras tanto, ha transitado una temporada irregular, pero no estancada. Se mantiene competitivo y con herramientas suficientes para derrotar a cualquier rival si logra imponer su estructura ofensiva. El equipo posee una de las ofensivas mĂĄs versĂĄtiles de la divisiĂłn y es especialmente peligroso en situaciones de script inequĂvoco, donde el play-action y las rutas cruzadas generan ventajas repetidas. Cuando logran ritmo, muestran uno de los EPA/play mĂĄs peligrosos de la conferencia, algo que se potencia en partidos de altĂsima tensiĂłn, como vimos en el pasado Thanksgiving.
Jordan Love ha recibido alguna crĂtica, pero, cuando las luces mĂĄs brillaban, ha sabido sacar todo su talento a reducir. Ante estos Bears, el quarterback quesero va a necesitar ajustar muchos sus envĂos para no cometer errores ante una secundaria muy oportunista como es la de su rival de este domingo.
La clave para los Packers radica en su capacidad para equilibrar el ataque. No pueden permitirse convertirse en un equipo unidimensional, especialmente frente a una defensa como la de Chicago, que ha mostrado solidez al cerrar los espacios en primeros downs. Si los Packers pierden la batalla inicial, el plan se vuelve predecible y el pass-rush de Chicago gana protagonismo. La estadĂstica avanzada indica que cuando Green Bay cae en un patrĂłn de pases obligados, su tasa de Ă©xito por jugada disminuye mĂĄs que el promedio de la liga. Esa vulnerabilidad es justo la que Chicago buscarĂĄ explotar.
Pero este partido, mĂĄs que cualquier otro, exige control emocional. Las rivalidades divisionales generan desgastes que no se reflejan en las mĂ©tricas: exigen disciplina, exigen evitar penalizaciones, exigen precisiĂłn en situaciones lĂmite como los cuarto down o las oportunidades en zona roja. En estos elementos, Chicago ha mostrado madurez creciente, mientras que Green Bay ha tenido momentos de desconexiĂłn que han costado puntos. En duelos cerrados, esta diferencia puede ser definitiva.
La estadĂstica avanzada sugiere varios focos: la capacidad de Chicago para generar yardas tras la recepciĂłn, un indicador que ha aumentado con consistencia y que puede quebrar defensas que permiten separaciĂłn temprana; el run-stop win rate de los Bears, que ha sido clave para evitar que los rivales impongan la carrera; el pass-rush win rate de Green Bay, que debe aumentar para frenar el ritmo de Chicago; y la eficiencia de ambos equipos en third-down, el espacio donde se deciden los partidos equilibrados. El guion sugiere un partido cerrado, fĂsico, intenso y cargado de intercambios tĂĄcticos. Chicago intentarĂĄ controlar el ritmo con combinaciones de pase intermedio y carrera sostenida. Green Bay buscarĂĄ big plays que rompan el orden y conviertan series normales en touchdowns de impacto. En rivalidades asĂ, no siempre gana el mĂĄs eficiente, sino el que ejecuta mejor en los tres o cuatro momentos decisivos del partido. Es probable que la diferencia entre ambos se defina por un solo turnover, una conversiĂłn crĂtica o una secuencia defensiva que lo cambie todo.
Llegar a diciembre y tener a los Chiefs fuera de playoffs es algo que absolutamente nadie esperaba. Es cierto que este año parecĂa el mĂĄs complicado para ellos dentro de su divisiĂłn, pero el problema ha sido mucho mayor. Hoy en dĂa, somos testigos de los Chiefs mĂĄs terrenales desde que Patrick Mahomes se hizo con el puesto de quarterback titular, y esa debilidad hace que el resto de equipos hayan perdido el miedo. No es que estĂ©n jugando mal ni nada parecido, de verdad que no lo creo, pero sĂ es cierto que esa excelencia, la cual los hacĂa indestructibles, ha desaparecido. Son un equipo bueno, con, probablemente, el mejor jugador de toda la NFL, pero sin llegar al nivel mĂĄs alto. Y, ahĂ, en una competiciĂłn como esta, cualquier domingo puedes caer.
En el otro lado esperan unos Texans que han vuelto a la vida cuando pocos lo esperaban, y mĂĄs despuĂ©s de tener fuera a su quarterback estrella durante varios encuentros por una conmociĂłn. Su inicio de curso no fue nada bueno, pero han encontrado la manera de agarrarse a sus posibilidades en un gran mes de noviembre. Si buscamos un culpable de este cambio, no puede ser otro que su magnĂfica defensa, donde jugadores como Will Anderson, Danielle Hunter o Derek Stingley son ya absolutas estrellas. El front-7 da miedo, con un Al-Shaair que estĂĄ por todos los lados del campo y que se aprovecha de toda la atenciĂłn que generan la pareja de edge rushers del conjunto texano.
Frenar el juego terrestre, para llevar a muchos dropbacks largos a Mahomes debe ser el objetivo prioritario de los de DeMeco Ryan. La lĂnea ofensiva de los Chiefs estĂĄ sufriendo bajas importantes y rendimientos sospechosos. Para este encuentro, Taylor, Simmons y Smith son duda y pueden causar baja, algo que, sin ninguna duda, va a marcar el devenir del duelo. Si Anderson y Hunter tienen enfrentamientos contra tackles suplentes, el partido se va a convertir en un infierno para Mahomes.

En la secuencia de arriba, vemos como los Texans forman con Danielle Hunter y Will Anderson muy abiertos, por fuera de los tackles ofensivos, con los dos linebackers (cĂrculo amarillo) amenazando el blitz. Cuando se inicia el snap, se producen dos stunt a ambos lados. En el lado izquierdo de la imagen, los dos DTs juegan en diagonal y permiten a Hunter atacar el gap central con su loop. Al otro lado sucede lo mismo con uno de los linebackers y con Anderson yendo al interior. Los dos edge rushers son muy rĂĄpidos y encuentran ese gap A abierto, lo que les da la posibilidad de generar presiĂłn y llegar hasta el quarterback.
Con todo esto, Mahomes va a necesitar volver a su mejor nivel para poder encontrar un ritmo anotador lo suficientemente bueno como para llevarse la victoria. Es verdad que vemos jugadas mĂĄgicas suyas, pero noto cierta inconsistencia en su juego y en sus lanzamientos. No es normal ver al quarterback de los Chiefs perdonar la vida a las secundarias rivales cuando va en profundo. Son bastantes los pases que no son precisos en situaciones donde sus receptores han ganado la espalda a la defensa y se disponen a anotar. Si eso lo mejora, el juego ofensivo de los Chiefs podrĂĄ buscar otras alternativas mĂĄs sencillas y eficaces para imponer su ritmo.
En este partido, una de las dos escuadras puede quedarse fuera de la pelea por los playoffs si se dan resultados adversos en otros encuentros. Ambos estĂĄn al lĂmite y ya no caben mĂĄs errores. Las semanas pasan, enero se acerca y aquĂ nadie perdona. Nunca pensamos que estos Chiefs podrĂan llegar a su situaciĂłn actual, pero aquĂ estamos, viendo cĂłmo podemos quedarnos sin uno de los grandes favoritos a las primeras de cambio. Los regalos en la NFL no han existido nunca, ya que, esta liga, es una guerra.





