La Semana 11 llega con el aire denso de la mitad del otoño. Las hojas ya cayeron en casi todos los estadios del norte, y el viento que sopla ahora no es un mero factor climĂĄtico, sino un recordatorio de que el margen de error se ha vuelto estrecho. Hay equipos que se miran al espejo sin respuestas claras. Otros, en cambio, han encontrado una identidad, aunque frĂĄgil todavĂa. Lo que se juega no es una jornada mĂĄs. Lo que se juega es pertenencia: a la conversaciĂłn, a la pelea por enero o a la idea de futuro. Vamos con otra nueva previa.
El primer capĂtulo de esta historia se escribe en la orilla del lago Erie, donde Tampa Bay visita a Buffalo. Es un duelo que parece, a simple vista, un choque de estilos, pero que es en realidad una discusiĂłn profunda sobre cĂłmo se sostiene una ofensiva en la NFL moderna. Tampa Bay ha vivido esta temporada como quien avanza por un puente de cuerda: no sin riesgo, pero con la certeza de que cada paso debe darse con precisiĂłn. La ofensiva de los Buccaneers no siempre fluye, pero cuando lo hace, lo hace con intenciĂłn. Tampa Bay ha encontrado en su juego aĂ©reo y en un plan ofensivo de continuidad la base de su competitividad.
Buffalo, en cambio, ha tenido que aprender a respirar. Acostumbrados durante años a vivir de lo extraordinario, ahora se ven obligados a construir lo inmediato. Ya no basta con esperar la jugada explosiva. La temporada ha enseñado que si se sostiene demasiado peso sobre los hombros del quarterback, la estructura se derrumba. Por eso, en el Ășltimo año y medio, los Bills han buscado la carrera como un modo de domesticar el partido. No es una carrera que asuste, pero sĂ una que ordena. Le da al ataque un pulso constante, una cadencia que evita los latidos bruscos.
Tampa Bay ha construido una ofensiva que, pese a no ser dominante en el juego terrestre, sĂ ha sido eficiente en aprovechar ventanas intermedias y profundas en el pase. Su tasa de Ă©xito ofensivo por jugada se acerca a valores ligeramente superiores a la media de la liga, sostenida por un play-action bien ejecutado y una lĂnea ofensiva que, aunque no intocable, ha logrado mantener niveles aceptables de protecciĂłn en situaciones de ritmo. El problema de los Buccaneers, como viene siendo recurrente, reside en la dificultad para obtener yardaje positivo constante en primer down. Cuando se ven incapaces de avanzar al menos cuatro yardas por tierra, se exponen a terceras oportunidades largas que obligan a su quarterback a leer mĂĄs campo del deseado. Ese es el tipo de guion que un rival como Buffalo puede castigar.
Los Bills atraviesan un momento mĂĄs complejo. La narrativa de un ataque que dependĂa en exceso de las genialidades de su quarterback se ha vuelto insostenible en ciertos tramos de la temporada. Han intentado estabilizar la estructura ofensiva mediante esquemas de carrera mĂĄs variados, uso de carreras zonales por el exterior para abrir defensas y una mayor progresiĂłn de lecturas en rutas cortas. La cuestiĂłn es si serĂĄn capaces de mantener ese plan de forma disciplinada frente a una defensa como la de Tampa que, aunque concede espacios, suele imponerse en momentos puntuales y que vuela en su zona media. La defensa de los Buccaneers vive en la paradoja de ser agresiva en su planteamiento, pero vulnerable en profundidad si el front-seven no logra presionar a tiempo. Esta combinaciĂłn genera un equilibrio inestable: cuando la presiĂłn llega, Tampa domina; cuando no, su secundaria puede ser atacada con consecuencias graves.
El partido puede decidirse en la utilizaciĂłn del play-action. Tampa es un equipo que usa dicho recurso para ganar tiempo y abrir ventanas intermedias, pero Buffalo ha aprendido en las Ășltimas semanas a defenderlo sin comprometer a su caja. Si los Bills logran mantener en disciplina a sus linebackers, cerrando las ventanas verticales que Tampa busca con recepciones de 12 a 18 yardas, el ataque de los Buccaneers se verĂĄ obligado a ejecutar series mĂĄs largas, algo que les cuesta en momentos de presiĂłn.

En la imagen de arriba, vemos una acciĂłn muy bien ejecutada antes y despuĂ©s del snap por parte de Baker Mayfield, quarterback de los Bucs. Antes del snap, la defensa de Patriots muestra dos safeties profundos, pero esto cambia tras el motion del receptor del lado izquierdo del ataque. Antes de iniciarse la jugada, los safeties rotan y la defensa pasa a ser de un solo safety en la retaguardia. Mayfield estĂĄ leyendo esta rotaciĂłn y, cuando termina de jugar el play action, lee la primera ruta cruzada que afecta a ese safety profundo. El play action ha hecho que la zona media defensiva saltase a la amenaza de carrera y se ha generado muchĂsimo espacio a su espalda. Emeka Egbuka (cĂrculo verde) juega el corte al interior y se aprovecha de tanto espacio para recibir, ya que el cornerback de ese lado estĂĄ ocupado con la ruta vertical del jugador que se habĂa movido antes del snap. Pase muy preciso y una gran ganancia de yardas para Tampa.
La mĂ©trica de EPA por jugada ofrece una pista adicional: Tampa genera un impacto por jugada superior en secuencias sostenidas que en drives cortos, mientras que Buffalo tiende a ser mĂĄs explosivo en acciones improvisadas cuando la estructura se rompe. En un enfrentamiento donde una pĂ©rdida de balĂłn puede ser determinante, la disciplina ofensiva serĂĄ mĂĄs importante que la espectacularidad. Es un partido que puede llegar al cuarto cuarto con una diferencia mĂnima, donde los detalles tĂĄcticos en protecciĂłn de pase y control de reloj serĂĄn decisivos. La sensaciĂłn es que Tampa Bay llega con la base conceptual mĂĄs clara, mientras que Buffalo tiene el talento para desbordar esa estructura si encuentra ritmo temprano. Si el encuentro se vuelve una secuencia de intercambios verticales, los Bucs ganarĂĄn terreno. Si se convierte en una batalla de posesiones largas, Bills tiene ventaja. La balanza inicial parece inclinarse muy ligeramente del lado de Tampa, aunque sin margen para concesiones.
El segundo duelo de la semana enfrenta a los Seahawks y a los Rams, un enfrentamiento divisional que suele ser mĂĄs tĂĄctico que emocional. Seattle ha tratado de reconstruir su ataque desde una identidad compleja: desea ser un equipo de poder terrestre y ritmo fĂsico, pero depende de la precisiĂłn en el pase para desestabilizar defensas rivales. Los Rams, en cambio, han encontrado fluidez ofensiva desde la sincronizaciĂłn: rutas que se encadenan en niveles, velocidad en ventanas cortas y un ritmo de pase rĂĄpido que reduce el impacto del pass-rush rival. Es un choque entre un juego que quiere ganar pacientemente y un juego que busca controlar el flujo desde la distribuciĂłn inmediata.
Si algo caracteriza a la ofensiva de los Rams es su capacidad para forzar a las defensas a defender todo el ancho del campo. Sus esquemas de rutas rara vez buscan el impacto en una sola zona, sino que estiran el perĂmetro, colocan a la defensa en conflicto con decisiones de cobertura y luego atacan los espacios creados con precisiĂłn. Esto se relaciona directamente con su alta tasa de Ă©xito por jugada, que se mantiene entre las mejores de la NFL. Los Rams no necesitan una gran jugada para avanzar; necesitan que la defensa rival responda a sus movimientos. Su lĂnea ofensiva estĂĄ sana y, cuando esto sucede, Matthew Stafford es capaz de lanzar cualquier tipo de pase. Incluso sin mirar. El quarterback de los de Sean McVay estĂĄ jugando mejor que nunca y el personal 13 (un running back y tres tight ends) le estĂĄ abriendo muchas posibilidades de atacar distintas zonas del campo.


En la secuencia anterior, los Rams forman con tres tight ends en el lado derecho de la lĂnea ofensiva, pero antes del snap, Terrance Ferguson cambia de lado. Se inicia la jugada y el Ășnico receptor abierto estira el campo verticalmente para atacar al safety profundo, y eso libera mucho espacio para que el tight end rookie de los Rams juegue su ruta al exterior. Ferguson estĂĄ demostrando un gran route-running en su juego y, aquĂ, se deshace con mucha facilidad del linebacker tras el corte hacia fuera. Stafford tiene todo el dĂa para leer esto dado que, ademĂĄs de sus hombres de la lĂnea ofensiva, tiene a los dos tight ends ayudando en el bloqueo. El quarterback pone un buen pase a un Ferguson que estĂĄ totalmente abierto.
Cuando Seattle enfrenta a este tipo de ofensivas, su estructura defensiva tiende a basarse en match zone, es decir, coberturas hĂbridas donde la secundaria lee el concepto ofensivo y no solo el movimiento del receptor. El problema es que los Rams son expertos en manipular estos sistemas mediante cambios de velocidad y rutas espejo.
Seattle, por su parte, necesita establecer presencia en el juego terrestre desde el primer cuarto. Cuando su ataque se ve obligado a pasar demasiado temprano, la lĂnea ofensiva pierde ventaja y su quarterback se expone a decisiones complejas que pueden acabar en alguna entrega de balĂłn al rival. El equilibrio es esencial, no solo por identidad, sino porque permite a Seattle mantener a su defensa mĂĄs fresca. Si los Seahawks no logran sostener drives de manera consistente, su defensa serĂĄ obligada a enfrentar demasiadas posesiones y demasiados ajustes, algo letal contra una ofensiva tan rĂtmica como la de los Rams.
El factor determinante puede ser la manera en que los Seahawks gestionen las transiciones defensivas entre primer y segundo nivel. Los Rams no atacan vertical por sistema; atacan cuando han desgastado la estructura defensiva obligando a los safeties a jugar mĂĄs planos. Ese es el momento en el que aparece el pase profundo. Seattle tiene, entonces, dos opciones: mantener a sus safeties altos y conceder rutas cortas con disciplina, o bajar un safety para reforzar el medio y asumir el riesgo de lanzamientos verticales. La primera opciĂłn ralentiza el partido, la segunda lo acelera a favor de Los Ăngeles. En tĂ©rminos de EPA defensivo, Seattle ha mostrado una ligera mejora en situaciones de tercer down largo, donde su pass-rush se vuelve mĂĄs eficiente. Pero para llegar a esas situaciones, deben ganar los dos primeros downs, y ese es el corazĂłn del problema. Los Rams tienen uno de los mejores porcentajes de Ă©xito en jugadas de primer down en la conferencia, lo que les permite jugar con libertad en segundo y tercero. El partido se decide en esa pequeña secuencia: si Seattle concreta placajes cortos en primer down, todas sus opciones se mantienen abiertas; si concede cuatro, cinco o seis yardas antes de que el drive madure, el duelo se inclina a favor de Los Ăngeles de manera estructural.
Al otro lado del campo, los Seahawks van a poder ser muy agresivos si son capaces de mantener ese juego de carrera. La llegada de Rashid Shaheed suma un componente mĂĄs a su amenaza profunda, y abre mĂĄs el medio para generarle muchos mĂĄs espacios a Jaxson Smith-Njigba. Las dobles coberturas que ha venido recibiendo el joven wide receiver se vuelven mĂĄs peligrosas para las defensas con la amenaza vertical que supone el nuevo receptor de Seahawks.
La previsiĂłn, en un partido de ritmo y control, favorece a los Rams por coherencia tĂĄctica. Seattle puede ganar si toma la iniciativa desde el terreno fĂsico y establece un marcador favorable temprano (lleva dos partidos consecutivos anotando mĂĄs de 30 puntos en los dos primeros cuartos), pero si el partido permanece igualado pasada la mitad del segundo cuarto, el plan de los Rams tiende a ganar terreno. Es un encuentro donde la inteligencia del diseño ofensivo puede imponerse al esfuerzo defensivo.
El tercer enfrentamiento, Broncos contra Chiefs, presenta una historia conocida en la dinåmica divisional de la AFC Oeste: Denver intentando redefinir su identidad frente a un rival que ha sido el paråmetro de excelencia de la conferencia durante años. Sin embargo, la ecuación actual no es tan simple como en temporadas pasadas. Los Broncos han encontrado, aunque con altibajos, una base ofensiva mås consistente, mientras que los Chiefs viven en una transición ofensiva donde la eficiencia estructural pesa mås que la espectacularidad.
Kansas City ya no es el equipo que vive del big-play constante. Su ataque ha aprendido a operar en ritmos mås contenidos, priorizando las rutas cortas, la lectura progresiva y un juego de carrera mås funcional. Esto ha reducido su volatilidad, pero también ha disminuido su explosividad. La clave estå en cómo Denver pueda interrumpir esos ritmos.
Los Broncos han mostrado una defensa mĂĄs compacta en zonas cortas y medias, limitando el impacto de los pases de ritmo, aunque a veces a costa de conceder rutas intermedias en el lado dĂ©bil de la formaciĂłn. Su pass-rush es el mejor de toda la NFL, con un Nick Bonitto estratosfĂ©rico. La gestiĂłn del equilibrio defensivo determinarĂĄ si Denver puede sostener el partido hasta el final, ya que la defensa de Vance Joseph es mejor cuando obliga a los ataques rivales a ejecutar en largo. Su tasa de Ă©xito defensiva mejora cuando puede alargar los drives y obligar a su rival a completar ocho o nueve jugadas para anotar. Ese tipo de partido incomoda a Kansas City, que preferirĂa controlar la posesiĂłn y el reloj, pero sin renunciar a la amenaza explosiva. AquĂ entra el ajuste fundamental: los Chiefs necesitan que su juego de carrera funcione lo suficiente como para forzar a Denver a comprometer recursos al box. Si Denver no respeta la carrera, serĂĄ capaz de mantener coberturas dobles y cerrar rutas que normalmente generan un avance sencillo para Mahomes y los suyos.
En el ataque, los Broncos deberĂĄn buscar ritmos de pase que no expongan demasiado a su quarterback. El plan ideal implicarĂa secuencias sostenidas mediante juego terrestre y play-action, reduciendo las lecturas agresivas y protegiendo la posesiĂłn. Kansas City ha mostrado, especialmente esta temporada, una defensa mĂĄs disciplinada: no busca la intercepciĂłn o el big play defensivo, busca limitar el daño. Es cierto que recibe muchas yardas y que su front-4 ya no genera el mismo pass-rush que antaño. Sin embargo, el esquema de blitz de Spagnuolo puede ser un problema para Bo Nix, quiĂ©n estĂĄ sufriendo mĂĄs de la cuenta cuando su pocket se ve colapsado.

En la imagen de aquĂ arriba, los Chiefs colocan a cuatro lĂneas defensivos y a dos posibles blitzers (McDuffie y Bolton). Cuando se inicia el snap, los cinco bloqueadores quedan asignados con los cuatro defensores de la lĂnea mĂĄs McDuffie, el cual es bloqueado por el guard derecho. Sin embargo, el sexto hombre mandado por Spagnuolo, Bolton, encuentra el camino libre para sacar al quarterback de su spot de pase y obligarlo a salir por donde no hay vĂa de escape, lo que acaba con la defensa consiguiendo el sack.
La métrica que mejor describe este enfrentamiento es el EPA defensivo en situaciones de tercer down. Kansas City se ha convertido en uno de los equipos mås eficientes en esa situación porque logra forzar decisiones aceleradas en el quarterback rival. Denver, para evitar caer en esa dinåmica, debe ganar en primer y segundo down. Si los Broncos se ven repetidamente en terceras oportunidades largas, el partido se inclinarå inexorablemente hacia los Chiefs.
Lo que se proyecta es un encuentro mĂĄs tĂĄctico que emocional. Kansas City llega con una identidad mĂĄs clara, aunque menos brillante que en Ă©pocas recientes. Denver tiene la posibilidad de competir si logra un partido de trinchera, pero necesita disciplina perfecta y control del reloj. Lo bueno para los Broncos es que llegan a este encuentro con la idea de que una victoria les garantizarĂa casi seguro la divisiĂłn, mientras que una derrota no afectarĂa demasiado a ese objetivo. Por el contrario, este es un duelo vital para los Kansas City Chiefs. Ponerse a cuatro partidos del tĂtulo divisional y a uno de la Wild Card (dependiendo de otros resultados), dejarĂa a los de Andy Reid en una situaciĂłn que no conocen desde que Patrick Mahomes es el quarterback titular de esta franquicia. Cuando existe presiĂłn, Mahomes se vuelve un extraterrestre, y este domingo puede ser uno de esos dĂas. La NFL no se define solo por el talento que se tiene, sino por la identidad que se mantiene. Y en esta semana, cada uno de estos equipos estĂĄ obligado a sostener la suya.





