La Ronda Divisional es, para muchos, el mejor fin de semana del año. Ya no hay margen para relatos románticos ni para victorias sostenidas únicamente en la emoción. Aquí llegan los ocho mejores equipos del año y cualquier pequeño detalle te deja con la miel en los labios. Los tres duelos que se presentan en esta previa—Broncos vs Bills, Seahawks vs 49ers y Bears vs Rams— condensan estilos muy contrastados, rivalidades históricas y una enorme riqueza estratégica que va mucho más allá del marcador final. En el Divisional ya no valen excusas, o sacas tu mejor juego o te vas para casa y, quizás, desaproveches así una oportunidad única de hacer historia.
Este encuentro enfrenta dos proyectos que han construido su competitividad desde lugares distintos, pero que convergen en una misma idea: el control del partido a través de la eficiencia. Denver llega a esta instancia con un equipo que ha recuperado su ADN defensivo, combinando presión sin blitz excesivo, coberturas mixtas y una notable disciplina en zona roja. Buffalo, en cambio, representa la evolución del ataque moderno, con un quarterback que no solo extiende jugadas, sino que redefine cómo se calculan las ventajas numéricas en el campo y que, además, no deja de sorprender con la capacidad de poder desequilibrar todo tipo de partidos, por muy mal que su equipo esté.
Desde el punto de vista táctico, el gran eje del partido pasa por el enfrentamiento entre la defensa de pase de los Broncos y la estructura ofensiva de los Bills. Denver ha sido uno de los equipos más eficientes limitando EPA por dropback, en gran parte gracias a su capacidad para generar presión con cuatro hombres y mantener siete en cobertura. Esto les permite disfrazar coberturas post-snap y forzar decisiones tardías. Buffalo, sin embargo, es especialmente resistente a ese tipo de planteo. Su ataque no depende únicamente del ritmo tradicional de pase; incorpora RPOs, formaciones abiertas que vacían la caja para jugar screens y rutas intermedias diseñadas para castigar linebackers en conflicto. La llegada de Brandin Cooks le ha dado esa amenaza vertical tan importante para desarrollar todo ese juego del que os estoy hablando. El veterano wide receiver ha encontrado cierta química con Allen, por lo que esa big play importante puede aparecer en cualquier momento.
En el vídeo de arriba, tenemos la acción clave del partido de Wild Card frente a Jaguars. Mirad como Josh Allen lee muy bien el blitz y lanza con anticipación a Cooks. Es casi imposible darle esa potencia al pase apoyado en el pie de atrás y sin casi tiempo para reaccionar. Además, el receptor acelera muy bien para estar en el sitio donde va a caer ese balón. Es una jugada de mucho mérito por parte de ambos.
La clave estará en cómo Denver decida gestionar las jugadas rotas. Buffalo es uno de los equipos con mayor tasa de éxito en terceros downs largos, precisamente porque Josh Allen convierte situaciones estructuralmente desfavorables en oportunidades explosivas. Denver, por su parte, ha sido élite en contención, manteniendo a los quarterbacks rivales dentro del pocket y reduciendo el porcentaje de yardas aéreas fuera de estructura. Si los Broncos logran que Buffalo avance de forma metódica, sin explosividad, el partido se inclinará hacia un guion de posesiones largas y bajo margen de error.
En ataque, Denver no es un equipo que busque fuegos artificiales. Su ofensiva se basa en eficiencia situacional, juego terrestre con lecturas claras y play-action en downs favorables. Aunque no lideran la liga en yardas, sí destacan en tasa de conversión en tercer down corto y en control del tiempo de posesión. Buffalo ha mostrado cierta vulnerabilidad defendiendo formaciones pesadas, especialmente cuando se le obliga a jugar con personal base. El pasado domingo, la línea defensiva sufrió especialmente con las carreras por el exterior, donde el "contain" falló estrepitosamente. RJ Harvey puede aprovechar su explosividad en los cortes para intentar atacar esa debilidad. Ahí, Denver puede encontrar una ventaja, no tanto en yardas por acarreo, sino en EPA acumulado al mantenerse por delante de las cadenas.
El duelo se definirá en detalles invisibles para el aficionado casual: disciplina pre-snap, penalidades en tercer down y ejecución en zona roja. Buffalo suele aceptar más riesgo, incluso a costa de variabilidad, mientras que Denver busca reducir el ruido del partido. Y, por encima de todos, la capacidad de Josh Allen de mantener a su equipo a flote. Sean McDermott tiene que encontrar la manera de que su defensa haga las jugadas suficientes para ayudar a su quarterback a no tener que ir a un marcador muy alto. En la Ronda Divisional, esa tensión entre control y agresividad es siempre decisiva.
Cuando dos conjuntos así se cruzan en playoffs, siempre trasciende la lógica fría del análisis. Es una rivalidad divisional marcada por la fisicalidad, los ajustes constantes y la familiaridad extrema. Cuando dos equipos se enfrentan por tercera vez en la temporada, la ventaja no suele estar en el playbook, sino en la capacidad de ejecutar lo básico bajo presión máxima.
San Francisco llega como uno de esos milagros que todas las temporadas vemos en esta competición. Su año está siendo un monumento a la resiliencia, al trabajo en equipo y a una fe inquebrantable en lo que se manda desde la banda. Su ofensiva se apoya en un sistema que maximiza el after catch, con rutas cruzadas, motion constante y un juego terrestre el cual es muy necesario para mantener honestas a las defensas rivales y aprovecharlo después tras play action. Desde la óptica de estadísticas avanzadas, los 49ers destacan por su eficiencia en primeros downs, lo que les permite evitar situaciones obvias de pase. Para esto, Christian McCaffrey es insustituible en el esquema Shanahan. El corredor minero está haciendo un año descomunal y no parece afectado por el gran volumen de balón que está viendo. Aparece desde el backfield para acarrear el ovoide, pero también para ser fundamental en el juego de pase. Aquí, Shanahan siempre busca la manera de generar ventaja frente a los linebackers. Esto puede ser básico para este sábado, ya que la presión de los Seahawks a sus rivales es constante.

Arriba tenemos el touchdown de los Niners que les dio el pase a esta Ronda Divisional. Los Eagles juegan en individual y dejan un linebacker en el centro para quitar cualquier ruta cruzada. McCaffrey inicia desde el backfield y, cuando la jugada comienza, sale en ruta hacia el lado izquierdo. Shanahan quiere sacar a ese linebacker de la zona media, por lo que manda dos rutas en su dirección, la del tight end cruzada a la espalda y la de Robinson a la cara. Purdy gira sus ojos hacia el lado derecho para manipular a ese linebacker y regresa al izquierdo para buscar a McCaffrey. El quarterback siente la presión y sube en el pocket para buscar mejor línea de pase. Cuando lo hace, encuentra a su running back completamente solo en el agujero que le ha proporcionado Shanahan.
En el lado defensivo de Seattle, la prioridad será limitar las yardas tras recepción. San Francisco no necesita lanzar profundo de manera constante; su ofensiva vive de convertir pases cortos en ganancias largas. Esto exige placajes perfectos y ángulos disciplinados, algo que Seattle está ejecutando con consistencia. Aun así, el conocimiento mutuo puede jugar a favor de los Seahawks, que suelen mostrar looks defensivos distintos en partidos divisionales, sacrificando simplicidad por sorpresa.
Por otro lado, los Seahawks han construido su identidad ofensiva desde la adaptabilidad. No es el equipo más dominante en métricas globales, pero sí uno de los más eficaces explotando debilidades específicas. Su fortaleza está en el pase profundo y en el uso de play-action desde personal ligero. La última vez que ambos equipos se enfrentaron, Kenneth Walker y Zach Charbonnet se vieron favorecidos por el dominio de la línea ofensiva sobre la línea defensiva minera. Si esto vuelve a suceder, Darnold va a poder encontrar espacios en el juego aéreo, sobre todo en un Jaxon Smith-Njigba que opta a ser el mejor wide receiver de este curso. Los 49ers necesitan generar presión con el blitz, porque solo con los cuatro hombres del frente es imposible. Si Darnold es capaz de tener buenas lecturas pre-snap, puede ser una noche muy larga para Robert Saleh y los suyos.
Este es un duelo donde el marcador puede no reflejar el dominio real. San Francisco puede controlar métricas como yardas totales y tiempo de posesión, pero Seattle tiene la capacidad de mantenerse en partido gracias a jugadas explosivas y eficiencia en momentos críticos. En un contexto de playoffs, esa capacidad de castigar errores aislados puede ser suficiente para cambiar el destino de una eliminatoria.
En Chicago se va a jugar un choque entre dos filosofías que han sabido reinventarse. Chicago ha construido una identidad ofensiva muy clara bajo su nuevo head coach, Ben Johnson. Los Rams, por su parte, son un ejemplo de cómo un sistema ofensivo bien diseñado puede maximizar recursos, incluso sin depender de un volumen excesivo de jugadas.
Desde el punto de vista estadístico, Chicago destaca en métricas defensivas situacionales. No necesariamente lidera la liga en yardas permitidas, pero sí en tasa de éxito defensivo en tercer down y en zona roja. Su esquema, con muchas defensas individuales, obliga a los quarterbacks a lanzar a ventanas estrechas y castiga errores de lectura. Los Rams, sin embargo, son expertos en manipular coberturas con formaciones condensadas, motion pre-snap y conceptos de rutas que generan confusión en zonas intermedias. Además, cuentan con dos jugadores en el exterior que pueden superar a su par en el caso de encontrarse con defensas hombre a hombre. Puka Nacua y Davante Adams son capaces de generar separación en el inicio de la ruta, pero también cuando se desarrolla una ruta más larga. Si Stafford juega cómodo en el pocket, los Rams van a encontrar superioridades campo abajo.
El enfrentamiento entre el pass rush de Chicago y la protección de pase de los Rams será central. Chicago no juega blitz de manera constante, pero cuando lo hace, suele hacerlo desde ángulos inesperados, forzando ajustes rápidos. Los Rams han sido uno de los equipos más eficientes usando play-action para neutralizar presión, lo que podría obligar a Chicago a jugar más conservador de lo habitual.
En ataque, los Bears no son un equipo explosivo en el sentido tradicional, pero han mejorado significativamente en eficiencia por jugada. Su enfoque está en el equilibrio: juego terrestre suficiente para mantener honestas a las defensas y pases diseñados para minimizar riesgo. Sin embargo, la tendencia a la improvisación de Caleb Williams hace que, a veces, todo se vuelva un caos. Un caos que, por otra parte, les genera big plays y momentos excepcionales en cada partido. El quarterback de segundo año ya ha demostrado que puede lanzar cualquier tipo de pase. Su brazo es muy talentoso y, si le unimos la calidad del cuerpo de receptores, el resultado puede ser positivo para los Bears en este encuentro. Los Rams han mostrado cierta fragilidad defendiendo el centro del campo contra personal pesado, algo que Chicago puede explotar con sets cerrados y rutas cruzadas cortas. En Chicago podemos ver un tiroteo y, ahí, cualquiera puede tener el drive final para llevarse la victoria
En el vídeo de arriba, podéis ver el 4th&8 que convirtió Williams el pasado sábado. Su capacidad para salir del pocket, evitando el sack, y para sacar un lanzamiento casi imposible, con el cuerpo orientado hacia el lado opuesto, son marca de la casa. Ese talento de brazo es muy difícil de encontrar, y parece que los Bears lo han hecho. Aún así, es notorio cómo aún no tiene interiorizado todo lo que Ben Johnson quiere de él, y se ven errores propios de un jugador aún por hacer.
Probablemente, este partido se decida en una franja muy específica: el inicio de cada mitad. Los Rams son uno de los equipos que mejor ajustan tras el descanso, incrementando su EPA por jugada en el tercer cuarto. Chicago, por su parte, ha sido uno de los equipos más sólidos cerrando partidos, con una defensa que eleva su nivel en los últimos minutos y con la capacidad para remontar partidos que parecen fuera de su alcance. El equilibrio entre esos dos momentos puede definir quién avanza.
En conjunto, estos tres partidos reflejan la riqueza estratégica de la Ronda Divisional. No se trata solo de talento individual, sino de cómo cada cuerpo técnico ha preparado a su equipo para ganar en los márgenes: un ajuste en cobertura, una tendencia rota en tercer down, una decisión agresiva en cuarta oportunidad. La NFL moderna se decide cada vez más en esos detalles, y estos duelos prometen ser una clase magistral de football americano de alto nivel, donde la estadística avanzada no es un adorno, sino una herramienta para entender por qué, al final, gana quien mejor ejecuta su identidad bajo presión.





