A menudo me gusta recuperar el concierto que dio Glen Campbell —guapo entre los guapos— en Sioux Falls, la ciudad más poblada de Dakota del Sur. Como toda persona que se precie de tener un cierto grado de sensibilidad, me estaciono en "Galveston", el himno antibelicista compuesto por Jimmy Webb en 1968.
A menos de una hora en automóvil de Houston y ubicado al noroeste del Golfo de México, el pueblo costero de Galveston ha mudado de piel para conservar intacta su condición de espacio liminal.
Escondrijo de piratas, territorio karankawa, base naval de la rebelión mexicana frente a la corona española y puerto marítimo, también ha sido fuente de vencedores como el cantante de voz grave Barry White, el boxeador Jack Johnson y —cito las palabras de la leyenda de los Arizona Cardinals, Larry Fitzgerald— "el receptor abierto más subestimado" de la última época en la NFL, Mike Evans.
Evans, quien comparte con Jerry Rice el récord de más temporadas consecutivas con más de mil yardas por recepción (11), fue evangelizado por el futbol americano después de acudir al desfile anual de Mardi Gras!, en Galveston. Ahí atestiguó el ungimiento de Casey Hampton como héroe local tras ganar el Super Bowl de 2005 con los Pittsburgh Steelers.
Década y media más tarde, Evans tomó el testigo de Hampton y se convirtió en la nueva atracción del pueblo texano al conquistar el anillo de campeón con los Tampa Bay Buccaneers en 2020 —la NFL en tiempos de pandemia—, recibiendo envíos del último Tom Brady.

"Galveston, la ciudad, sin duda contribuyó a convertirme en el hombre que soy hoy. Me encanta volver. Gran parte de mi familia sigue allí, así como muchos amigos y personas que me apoyaron desde que era niño. Siempre es maravilloso regresar. Allí me llaman 'Mikey Evans'. Escuchar a alguien decir 'quiero ser el próximo Mikey Evans' es un sueño hecho realidad", le dijo al New York Times en septiembre de 2021, meses después de haber contribuido para que los Buccaneers —franquicia con la que arribó a la NFL en 2014 y con la que pasó sus primeros once años en la liga— arrollaran a los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes en el juego por el título.
Este vademécum viene a cuento tras lo ocurrido el fin de semana anterior. En lo que supone su primera temporada con los San Francisco 49ers, como garante competitivo del meticuloso libro de jugadas de Kyle Shanahan, el veterano Mike Evans acaparó los mismos titulares que habían esquivado caprichosamente sus innumerables gestas. La razón: haber tomado de los hombros, girado y reparado en la parte posterior del jersey de Trevon Diggs, esquinero de los Seattle Seahawks, para leer su nombre y reconocerlo.
"Lo estaba bloqueando hasta que sonó el silbato. Sinceramente, no sabía que era él, porque con el casco a veces es difícil reconocer a alguien. Ya sabes, estábamos intercambiando provocaciones. Pensé: '¿Quién eres?'. Me aseguré y dije: 'Ah, es el maldito Diggs'", explicó Evans en conferencia de prensa respecto al incidente.
Richard Sherman, gloria de los Seahawks, coleccionista de arrebatos y uno de los reyes del trash talk como herramienta intimidatoria, calificó de "legendario, tanto como GIF como por la provocación verbal", el momento en el que Evans comprueba el nombre de su rival.
Definitivamente, más allá de su potencia narrativa a modo de gag chaplinesco, no es la imagen que habría que preservar de Mike Evans como orgullo de Galveston. Aunque quizá, pensándolo bien, sea en parte nuestra responsabilidad al ignorar por tanto tiempo la estela luminosa de una estrella incomprensiblemente subestimada.





