Dicen que Buddy Ryan se acostumbró a dormir con la mano derecha rondando la clavícula izquierda, la zona en la que solía guardar el arma de combate, como parte de la herencia de sus días como sargento mayor del ejército de Estados Unidos durante la Guerra de Corea.
No es difícil imaginar a Ryan emulando al implacable sargento de artillería Hartman, el antagonista meticulosamente esculpido por Stanley Kubrick en la película bélica Full Metal Jacket. Mientras le aclara a sus jugadores que durante su mandato no hará distinciones de ningún tipo, puesto que, para él, todos son igual de insignificantes.
Buddy, padre de los hermanos Rob y Rex Ryan, parte consustancial del relato de la NFL de principios de este siglo, fue el arquitecto de la que para muchos es la mejor defensiva de la historia: los Chicago Bears de 1985. A partir de lo que denominó caprichosamente "Defensiva 46", en honor al número del safety Doug Plank, Buddy Ryan solía acumular hasta ocho hombres amenazando cerca de la línea de golpeo. Algo tremendamente revolucionario para la época.
Sin embargo, mi anécdota favorita en torno al controversial y desmesurado entrenador, ahora que tenemos un Cowboys-Eagles en el horizonte, tuvo lugar a finales de 1988. Resulta que Buddy flirteó con la muerte al atragantarse con un pedazo de chuleta de cerdo en las instalaciones del Estadio de los Veteranos. Ted Plumb, su entonces coordinador ofensivo en Filadelfia, tuvo que intervenir de emergencia mediante la maniobra de Heimlich para expulsar el pedazo y salvarle la vida.
"Estábamos comiendo chuletas de cerdo; no mastiqué bien un trozo, se me quedó atascado y no podía respirar. Ted estaba sentado a mi lado y logró desatascarlo para que pudiera respirar", recapituló.

El suceso se enmarcó en el contexto del denominado "Bounty Bowl", uno de los puntos más álgidos de la rivalidad entre Eagles y Cowboys. Jimmy Johnson, el entrenador que Jerry Jones había elegido para suceder a Tom Landry en Dallas, acusó a Buddy Ryan de haber creado un sistema de recompensas para lesionar deliberadamente a dos de sus jugadores: el quarterback Troy Aikman y el pateador mexicano Luis Zendejas, antiguo miembro de los Eagles.
"No tengo absolutamente ningún respeto por cómo jugaron. Le habría dicho algo a Buddy, pero no se quedó mucho tiempo en el campo. Se fue al vestuario con su enorme y gordo trasero", dijo Johnson tras el partido. A lo que Ryan, con la ironía desbordada, respondió: "Me molesta. He estado a dieta, he perdido un par de kilos y pensaba que me veía bien".
Dos semanas después del episodio, ambos equipos volvieron a enfrentarse. La cadena CBS promocionó el juego bajo el epíteto de "Bounty Bowl II", con letreros de "Se busca" compuestos por las fotos de los principales protagonistas de la batalla y los montos de las recompensas. La segunda entrega pasó a formar parte de la cultura popular de la NFL debido a los disturbios provocados por los ingobernables aficionados de los Eagles, responsables de haber arrojado bolas de nieve, pedazos de hielo y vasos de cerveza en contra del staff de los Cowboys.
Y es aquí donde el percance que casi le cuesta la vida a Buddy Ryan vuelve al centro del relato. En la antesala del tercer capítulo de la trilogía, que la prensa texana bautizaría como "The Pork Chop Bowl (El Tazón de la Chuleta de Cerdo)", la historia llegó hasta oídos de los aficionados de los Cowboys. Conscientes de que había que estar a la altura en términos de hostilidad, arrojaron chuletas de cerdo al campo para abochornar a Ryan.

Buddy terminaría su gestión como entrenador de los Eagles esa misma temporada, tras una humillante derrota en casa frente a Washington en la ronda de Wild Card. Pese a que la gente en Filadelfia adoraba su actitud desafiante y la personalidad combativa que logró insuflar al equipo durante su mandato, el hecho de no haber podido trascender en postemporada creó una grieta insalvable con el propietario Norman Braman.
Ryan, fiel a su estilo provocador, tuvo un largo historial de desaires en torno a la figura de Braman, a quien solía referirse despectivamente como "el tipo de Francia", en alusión a sus largas estancias en la casa de verano que compró en Saint-Paul-de-Vence, en la región sureña de Provenza-Alpes-Costa Azul.
Cuando Braman lo echó definitivamente, argumentando que era momento de que los Eagles dejaran de ser "la dama de compañía" para convertirse en "la novia", Ryan soltó ante la prensa otra frase mordaz y alardeó sobre el registro de 31-17 que compiló durante sus últimas tres temporadas con la franquicia: "Nunca antes me habían despedido por ganar".
Esa última sentencia de Ryan como miembro de Filadelfia está estrechamente vinculada con la que articuló en conferencia de prensa al recibir el alta médica tras el incidente de las chuletas de cerdo: "Mi agente me llamó esta mañana y me dijo que me había conseguido un comercial para anunciar carne de res, pero lo eché a perder".
Concediendo su estatus de leyenda, Buddy Ryan fue, por sobre todas las cosas, un sinvergüenza.





